En la ciudad de Nueva York, ministros voluntarios de todo Estados Unidos y de lugares tan lejanos como Hungría proporcionaron ayuda eficaz en el momento en que más se necesitaba, mientras el mundo entero lo presenciaba. Unas cuantas horas después del colapso de las Torres Gemelas, los ministros voluntarios estaban en el escenario, trabajando día y noche con el fin de proporcionar alimentos, ropa, equipo y otros artículos necesarios para los equipos de rescate. Dieron ayudas a policías y bomberos exhaustos vencidos por el estrés, la fatiga y el shock, y proporcionaron ayuda y socorro a quienes habían perdido amigos y familiares en la tragedia.

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Aunque los esfuerzos de rescate y recuperación continuaron durante semanas sin fin, los ministros voluntarios nunca titubearon en dar ayuda las veinticuatro horas del día. De hecho, mientras se restablecía el orden en las áreas de alrededor, y se acordonaba la zona de desastre, el equipo de ministros voluntarios fue uno de los tres grupos de ayuda a los damnificados que se permitió que entrara al lugar.
De hecho, un informe del servicio de noticias del New York Times sobre la actividad en las Torres Gemelas reportó: "Cuando se pidió a muchos voluntarios que abandonaran el lugar durante el fin de semana, se permitió que los cienciólogos permanecieran ahí, trabajando junto con grupos como la Cruz Roja de Estados Unidos y el Ejército de Salvación".
Más tarde, al hablar en nombre de los miles de personas que formaron el cuerpo de rescate de las Torres Gemelas, el Jefe de Policía Joseph Esposito, que ha formado parte del Departamento de Policía de Nueva York durante 35 años y ha sido jefe de este desde agosto de 2000, elogió a los ministros voluntarios por su ayuda, alabando su contribución vital a los esfuerzos de rescate de las Torres Gemelas:
"La organización, el cuidado y la dedicación de sus ministros voluntarios fueron excepcionales, y muy apreciados, y quienes recibieron su ayuda los recordarán por mucho tiempo... Nunca podré agradecer bastante a los ministros voluntarios por lo que hicieron".
Los resultados de su asistencia en las Torres Gemelas son evidentes en la actualidad en las siguientes palabras de gratitud tanto de quienes sobrevivieron a la devastación como de quienes trabajaron tras la destrucción.
"Se nos da mucho crédito", dijo un agente de policía de Nueva York. "Pero mucho de ese crédito se le tiene que dar a gente como los ministros voluntarios de Scientology, quienes nos proporcionaron asistencia en momentos en que la necesitábamos probablemente más de lo que la mayoría de la gente entiende o se da cuenta".
"Lo que presencié con los ministros
de Scientology nunca lo había visto en ninguna otra organización", dijo un técnico de emergencia médica de Manhattan.
"Al principio, incluso el departamento de bomberos –el personal de ambulancias– no estaba disponible. Los que estuvieron disponibles desde el principio fueron
los ministros de Scientology".
"Vuestro continuo apoyo y ayuda son inapreciables", escribió el codirector ejecutivo del fondo de ayuda a los damnificados de Cantor Fitzgerald Relief Fund, establecido para las familias de más de 700 empleados de la compañía que perdieron la vida en las Torres Gemelas. "Cada persona sin excepción que vino de la Iglesia de Scientology es extraordinaria. No tengo palabras para expresar mi agradecimiento".